miércoles, 13 de mayo de 2009

La Chacala

Hace unos días en el programa de radio salió a colación La Chacala, esa telenovela que produjeron Elisa Salinas, Juan David Burns, Huberto Zurita y Christian Bach hace poco más de diez años para TV Azteca.

La sorpresa de que hay muchos que como yo vieron la telenovela en su momento y se cagaron de la risa de las escenas, pero que se entretivieron también con la trama y la forma de contar la historia, fue de las más gratas que he recibido en estos días.

Pero, ¿qué era la Chacala?

La Chacala fue una telenovela que transmitió TV Azteca desde 1998 y hasta entrado el 99, sobre una mujer embarazada es maldita a partir de que su esposo mata al negro Simón, hijo de la Negra Dominga, la bruja del pueblo donde el matrimonio decidió que la madre debía parir a su primogénito.

La idea original es de Eric Vonn, el mismo detrás de telenovelas como Amor en Silencio, Acapulco, Cuerpo y Alma y recientemente Pecados Ajenos. Este escritor tenía, sin duda, ideas revolucionarías que plasmó en La Chacala, pues recuerdo que uno de los argumentos que dio Patty Chapoy cuando se anunció el proyecto para Azteca, fue que Vonn intentó vender esta idea a los ejecutivos de Televisa pero no impactó debido a la temática fantástica y de brujería que requería, por lo que la televisora del Ajusco lo acogió como proyecto insignia para demostrar que las cosas debían cambiar en el mundo de la producción televisiva en México... ¿Qué pasó después? Lo mismo que con la democracia mexicana.



La Chacala contaba con una trama poco fuerte que era bien sostenida por los efectos especiales y por la técnica cinematográfica que utilizaban los producores, ya que sentían –dijeron en su momento– que la tele debía evolucionar y que la calidad debía ser cada día más cercana a las técnicas de cine...

El resultado fue una telenovela que dio de qué hablar, fuese por su forma tan burda de tratar temas relacionados con la familia, su interés en mostrar escenas paranormales como parte de una realidad cercanísima, por querer contar una historia de ciencia ficción dirigida a un público que estaba acostumbrado a productos mucho más sencillos, o por contar con un elenco actoral que nomás no reflejaba esa avanzada del guión y las características técnicas que lo acompañaban.

Esta telenovela generó opiniones encontradas, debido a la forma tan violenta de mostrar a una protagonista que a todas luces sufría un padecimiento neurológico, o al menos esa fue una de las respuestas que dieron los expertos en televisión en México, cuando en Estados Unidos ya hacían X-Files, Battlestar Galactica y tantas tramas fantásticas más.

El guión de Vonn permitía tropicalizar esas historias y hacerlas más propias, con elementos cercanos y conocidísimos en la idiosincracia del mexicano, que en muchas ocasiones le cree más a un curandero que a un médico y que en diversas zonas prefiere escuchar a sus seres misteriosos que a un hombre trepado en una camioneta que tenga apariencia ligeramente citadina o "civilizada".

La trama era sencilla: la negra Dominga tenía un hijo nahual que se transformaba en animal y así recorría el bosque, hasta que un día Javier (el padre de las gemelas por nacer, interpretado por Jorge Rivero) lo caza mientras tenía forma de venado. El animal, ya muerto, se convierte en humano ante los ojos de los cazadores y ambos deciden tirarlo al río de la localidad, con miras a olvidar el incidente.

Horas después, Dominga es contactada por el alma de su hijo nahual, quien le cuenta lo que sucedió y a quien le pide vengue su muerte... Obvio, Dominga y su hijo Simón son dos negros apartadísimos de esa comunidad que son vistos como brujos o seres de otro mundo, y tal pacere que los lugareños tenían razón.

En una de las escenas de lluvia mejor logradas que he visto en la televisión mexicana, Dominga llega a la hacienda de Javier y familia en busca del matón de su hijo, de quien exige perdón, pero al no recibir una respuesta satisfactoria, ella lanza una maldición a la madre embarazada, quien cabe mencionar tiene un aspecto angelical in-ma-cu-la-do.

Delia, la madre ahora maldita, comienza en plena lluvía con el trabajo de parto, lo que confirma, entonces, que la maldición fue hecha de forma correcta... Sólo se alcanza a escuchar entre rayo y centella en plena lluvia, que Dominga se muere y diluye con el agua que caerá por una semana más en la localidad.

Ése es apenas el comienzo de la trama, que capítulos adelante evoluciona a un culebrón televisiano más pitero que una de las novelas de Valentín Pímstein que se hayan hecho en los 80's.

La premisa de La Chacala es buena, al punto que propone el uso de efectos especiales de avanzada, debido a que la maldición (justo la que da nombre a la telenovela) propone que la mujer por parir dará a luz a dos chamacas: una que sea la que el matrimonio concibió y que será la buena de la trama, y otra más que será el chacal que está envenado con la rabia y furia de la Negra Dominga, convertida en una gemela de la primera...

Y existe una advertencia: Si quieren que la Chacala no despierte y se lleve de corbata a medio mundo, deberán separar a las hermanas, pues juntas harán que la bestia despierte y se lleve al otro medio mundo a la fregada. El mandato es cumplido y las separan, pero cuando crecen una lo hace como existosa doctora que vive en la ciudad, mientras la otra es una inválida que vive en la hacienda donde pasó todo, en compañía de la tía quedada que siempre estará en la trama.



Como es de esperarse, llega un momento en que las gemelas sienten que les falta algo, lo que las junta y ahí es cuando se desata el desmadre para el resto de la familia, pues sin querer se dan cuenta que hay más gente involucrada en la maldición, tanto del lado de la Negra Dominga y su hijo Simón, como de los padres agraviados.

Para estas alturas poco se espera de efectos especiales, pues si acaso en la lluvia y la transformada del Negro en venado, significaron retos para el equipo de edición y maquillaje; pero nada comparado con lo que el guión proponía para más adelante: las hermanas debían convivir en las mismas escenas y una de ellas debía convertirse paulatinamente en ese demonio que habrá de partirle la mandarina en gajos a la familia esa y de paso, al pueblo donde habitan.

Las imágenes que se vieron al inicio de la telenovela, justo en la entrada de ésta, dennotan a una Christian Bach bien guapota con atuendos tan excéntricos como los de una Reina del Inframundo o de una soberana digna de un filme fantástico; ahí fue donde la creatividad de Ariel Bianco cobró vida y le diseñó una excelente imagen que daría al traste con la contratación de una empresa de efectos especiales muy mala, que después no podría estar a la altura del guión y demás caracterizaciones

Se dijo desde el inicio de las grabaciones de la telenovela que una empresa dedicada a los efectos especiales en Hollywood asesoraría a Juan David Burns y demás productores, lo que puso más altas las expectativas, que sí fueron cubiertas al menos en los primeros capítulos de la trama. Pero para mediados de la trama, se planteaba un parteaguas en la historia, cuando la Chacala se materializara y la transformación de una de las gemelas estuviese completa y lista para que sacudiera con su poderío al pueblo y después al mundo entero.

Ese momento en la trama requería una inundación del pueblo, que se supone sería como el renacimiento de un orden que le daría poder absoluto a la Chacala, de tal modo que significaba, técnicamente, un reto para los productores, que decideron estrenarse con esa escena como especialistas en efectos especiales... Yeah right.



Recuerdo que para entonces vivía yo con mi tío Jorge y él no aprobaba que yo viera tanta tele (je, años después creo que notó que sí me hico bien ver tanta burrada ahí, en la caja idiota) por lo que trabata de verla antes de que llegara del trabajo o cuando de plano pasaban cosas que eran im-per-di-bles.

Fue el 25 de marzo de 1999 (yo cumplía 18 años) cuando pasarían esa escena de la inundación y lo recuerdo porque los spots no paraban a lo largo de la programación de TV Azteca y yo me moría por ver la secuencia... Lástima que ése día yo cumplí años y mi tío llegó temprano para irnos a cenar a un restorán de la Condesa...

Finalmente logré ver tiempo después esa escena, que la neta fue de las peores que se hayan producido en la tele mexicana... Vamos, ya ni Diana Salazar había tenido tan malos picos con los ojos amarillos y con Alma Muriel volando hacia un adorno que la mataría...

Así, La Chacala no fue una de esas telenovelas que pasó desapercida gracias a su contenido o por el exceso de éste, sino porque al paso de los años me da la impresión de que quería ser una trama que ayudara a que las mexicanas fueran historias que eventualmente suplieran a las que atrás se habían hecho famosas, pues las de Cenicientas estaban por llegar a su fin.

Sí, La Chacala pudo haber sido muy chida como serie, pero si hubiese sido producida apropiadamente con los recursos técnicos adecuados y con una mente visionaria al frente suyo... creo yo.